La noche estaba más fría de lo que Gonzalo esperaba. Un aire frío y húmedo le transitaba desde las piernas y transcurría por todo su cuerpo; un frío que serpenteaba por el abdomen y mordía profundo hasta la orilla de su resentimiento. Ni el cuerpo de Valeria, junto al suyo, mitigaba aquél castigo. No se habían relacionado sexualmente, para sorpresa de ella, quien premeditadamente lo llevó a su casa, aprovechando que la familia se tomaba un pequeño viaje al sur y la casa estaba a su gobierno. Apenas, departieron algunos besos y cariños, pero también ratos de incomodidad y sequedad. Cuando Gonzalo reaccionó, varios minutos después, se acomodó a un extremo de la Queens Size y observó detenidamente su rededor, mudo. Valeria tocaba sueño.